Así se vive la fe de la Semana Santa de Sevilla

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BEATRIZ RODRÍGUEZ

  • Pa­ra la mayoría de cofrades de la ciudad, el día arranca el jueves por la mañana.

Semana Santa en Sevilla

Miles de nazarenos ultiman estos días los preparativos para realizar la esta­ción de penitencia junto a sus herman­dades. Algunos aún no han cumplido el año de vida; otros se acercan al siglo.

Algunos no levantan un palmo del suelo y otros no han aprendido todavía a caminar, pero son hermanos de alguna de las Herman­dades de la ciudad desde el día en que nacie­ron y, según el caso, realizan su primera es­tación de penitencia (una parte al menos) sin haber cumplido siquiera el año de vida.

Y lue­go están los que, nacidos en las primeras dé­cadas del siglo XX, siguen acompañando ca­da año a sus imágenes con una fuerza inu­sitada que, sin duda, no proviene de los músculos, sino del corazón. Porque la de­voción cofrade en Sevilla no entiende de edad, tan solo de sentimientos.

Rafael lo sabe muy bien. En un piso del barrio de la Macarena, estos días ya está to­do preparado. La túnica impecable, limpia, planchada y con los botones bien cosidos.

El vestuario

El capirote recién comprado, «porque el anti­guo ya estaba demasiado viejo». Los zapatos, lustrosos. La papeleta de sitio, sacada des­de hace semanas. Y, como cada año por estas fechas, los nervios a flor de piel y el estó­mago convertido en una montaña rusa de sentimientos.

Y es que Rafael, a sus 78 años, volverá la pró­xima Madrugá a acompañar muy de cerca su Esperanza Macarena, portando en el úl­timo tramo el cirio verde que, como él mis­mo dice, «es todo un privilegio que solo la edad te confiere».

Un día de la Semana Santa

Una edad que ni de lejos le impide reali­zar completa una estación de penitencia que comienza, en su caso, alrededor de las dos de la madrugada y finaliza sobre las dos de la tarde del Viernes Santo.

Aunque, como pa­ra la mayoría de cofrades de la ciudad, el día arranca el jueves por la mañana, cuan­do se enfunda su traje de chaqueta y se echa a la calle a visitar algunas iglesias. «Luego te­nemos una comida familiar y después me re­tiro a descansar un poco», cuenta Rafael.

Tras una siesta reparadora, empieza el ritual y los nervios se acrecientan. Porque apenas quedan unas horas para que las puertas de la Basílica se abran y se haga realidad lo anhe­lado durante todo un año. Una cena ligera que «no dé mucha sed» du­rante la estación de penitencia, una ducha para activar todos los sentidos y, entonces sí, comienza el verdadero ceremonial.

Ayuda­do por su mujer y por su hermana, a cuya ca­sa se traslada estos días por cercanía a la Basílica, Rafael se prepara para vivir la que para él es una de las noches más emocionan­tes del año. Sabe que será duro, porque son muchas horas de pie, durante toda la no­che y la mañana del Viernes Santo, a veces pasando mucho frío y otras mucho calor, y por su cercanía al paso, siempre envuelto en una marea de personas que anhelan ver a la Esperanza tan cerca como él la ve.

Su preparación para este momento es bien sencilla. Una caminata diaria todas las ma­ñanas de al menos una hora «a paso lige­ro». Aunque, llegado el momento clave, na­da comparable a las doce horas, como mí­nimo, que en apenas unos días recorrerá. Pero «mientras el cuerpo aguante» segui­rá saliendo.

«Todos los años digo que será el último», asegura, mientras su mujer y su hija, escépticas, se miran y sonríen sabiendo con certeza que la próxima Semana Santa, si el tiempo y la salud lo permiten, Rafael vol­verá a acompañar a la Macarena por las ca­lles de Sevilla.

https://www.20minutos.es/noticia/3295438/0/recorrido-fe-semana-santa-sevilla/

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